Cuando el perro muerde la mano de quien le da de comer
Montijo, 14 de septiembre de 2001
Jamás un agencia de prensa retransmitió durante tanto tiempo ofreciendo tan poca información. Desde que se produjeran los atentados en Estados Unidos contra los símbolos del poder económico y militar global, la CNN no deja de retransmitir las mismas imágenes: un crimen repetido cientos de miles de veces, una información que se puede resumir en apenas veinte minutos. Los medios occidentales, siempre al servicio del imperio, continúan machacando con estas imágenes. Parece ser como si se estuviera preparando la justificación de lo que se avecina. Los media justifican los fines. Sin un enemigo claro autor de la masacre del martes negro entre los muchos que tienen los Estados Unidos, urge buscar un chivo expiatorio, una cabeza de turco que se manifiesta en la figura verde del Islam. Occidente ha podido asistir en directo al desarrollo de una guerra, olvidando quizás que los mismos efectos que en Nueva York y en Washington tienen los misiles arrojados en Belgrado hace dos años o en Irak hace una semana, pues tan execrable es la muerte de una persona como la de diezmil. No obstante, nada se nos dice de las causas de esta guerra en directo, de la connivencia de Estados Unidos en los años ochenta con los talibán afganos, a quienes entrenaron y armaron, de las alianzas del país de las barras y las estrellas con Irak en su guerra contra Irán, de la procedencia de las armas que emplea el terrorismo internacional, del hecho que el mismo Estados Unidos quizás tenga que recurrir a la ejecución sumaria de sus enemigos porque sigue sin reconocer la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. Todos estos hechos suponen el incio de una nueva carrera armamentística y una nueva justificación del militarismo para el poder global. Estados Unidos ya ha puesto en marcha la maquinaria de control y de violabilidad de la intimidad que no pudo poner en marcha hace apenas un mes: está ejecutando el programa Carnivore, un programa que lee todos los correos electrónicos, éste inclusive.
Si no existe justificación alguna para quienes utilizan aviones comerciales como misiles, tampoco la hay para quienes pretenden ahora utilizar aviones militares con los mismos fines. Como dijera Ganhi, ojo por ojo y el mundo acabará ciego.
Chema Álvarez
Montijo
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