El derecho de ser joven Se ha venido hablando mucho en los últimos días de los consejos de juventud, de la participación juvenil y en definitiva del papel que juegan los jóvenes de hoy en esta sociedad cada vez más uniformista y conformista. Es por ello que no quería dejar escapar la ocasión para reflexionar sobre varios puntos que me parecen de interés.
Badajoz, 16 de enero de 2004
En primer lugar el ser joven es una virtud por la cual hemos pasado todos. Es una época de la vida de una persona en la que sientes la vida cara a cara y la disfrutas sin complejos. Durante ese tiempo descubres muchas cosas y las interpretas a tu manera, y es de esa libre interpretación de donde salen las ideas innovadoras que han hecho que esta sociedad evolucione. Así, podemos comprobar como los grandes idearios y revolucionarios del pensamiento y la ciencia han sido en muchos casos gente joven. A veces las nuevas ideas asustan a quienes se creen en una situación de comodidad. Es, creo yo, el miedo a lo nuevo y lo desconocido lo que diferencia a los jóvenes del mundo adulto. Es, por otro lado, natural, puesto que quien tiene su vida atada de pies y manos tiene perfecto derecho a plantarse y decir: ¡Aquí me quedo! Basta de revoluciones. Sin embargo, los jóvenes de hoy vemos cada vez más crudo nuestro futuro. Nos llevan de cabeza a una sociedad en la que no compartimos en absoluto muchos de sus pilares básicos: competitividad, economía, soledad,
En la sociedad que los jóvenes de hoy diseñamos para nuestro futuro hay otras normas de juego: cooperación, solidaridad, igualdad,.. y es por eso que buscamos amoldar el terreno de juego a nuestro gusto, ya que en el futuro seremos nosotros los únicos jugadores. El cambio siempre dio miedo y es ahí donde los jóvenes hemos sido siempre vetados, teniendo grandes dificultades para acceder a puestos de gran responsabilidad, aun cuando la preparación y la experiencia (que poco tiene que ver con la edad) estaban sobradamente acreditadas.
Es en esta línea en la que me parece importante hablar del papel que juegan los Consejos de Juventud. A mi entender son organismos que debieran defender ante las instituciones públicas el valor de los jóvenes como herramienta necesaria para que la maquinaria de la sociedad funcione, así, deben ser organismos completamente independientes y autónomos.
En su concepción básica son los organismos interlocutores entre la población juvenil y las instancias políticas, pero han de llegar un poco más allá, ya que en muchas ocasiones se quedan como meros organismos consultivos. Han de ser capaces de exigir a las autoridades el papel que nos corresponde, debemos de hacer llegar al resto de la sociedad que tenemos un proyecto de futuro en nuestras mentes, que los jóvenes de hoy somos la base filosófica de la sociedad de mañana, y por ello somos un factor muy importante a la hora de tomar decisiones. Los Consejos de Juventud han de exigir eso a nuestros gobernantes.
También debemos ser conscientes, y ese es un error muy grave dentro de la propia organización interna de los Consejos, de que el asociacionismo juvenil sólo representa al 5 ó 10 por ciento de la población juvenil, y por ello hay que tener cuidado al levantar la voz y erigirnos como representantes de un sector de la población. Hemos de ser capaces de tener en los Consejos de Juventud la mayor representatividad posible. Hemos de dirigirnos a las Universidades, institutos, colectivos deportivos, asociaciones culturales, e incluso si es preciso salir a la calle para que realmente llevemos a todos los jóvenes en la voz de nuestros consejos.
No quisiera terminar esta reflexión sin hacer una valoración muy positiva de la salud de la que goza la juventud actual, ya que nunca hubo tantas asociaciones juveniles como ahora y nunca hubo una generación mejor preparada que la nuestra. Lo único que debemos exigir a los jóvenes de hoy es ese sacrificio necesario para que los retos difíciles sean superados. Vivimos en una época que en el futuro será conocida como Ceguera histórica y mediante ese sacrificio hemos de hacer ver a los demás los problemas que azotan hoy por hoy a la humanidad: el hambre y las guerras. Debemos de ser capaces de no ser cómplices de ese crimen y luchar por que el futuro que nos sea legado esté libre de pecado y a salvo de la barbarie.
Miguel Blanco Otano
Badajoz
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