El avión de Lobón: con la violencia no se juega Ufano, heroico, decidido y marcial, sobre todo marcial, el alcalde de Lobón ha acudido a toque de cornetín a prestar el apoyo de todo un pueblo y la corporación a la que representa-a quienes no se les ha consultado- para instalar en una de sus glorietas el avión militar que Castuera ya no quiere. Como ya expresé también mediante carta a este medio cuando se preparaba la instalación de dicho avión en Castuera y ustedes tuvieron a bien publicar-, es de esperar que el ejemplo cunda y pronto veamos las plazas y parques de nuestra región convertidas en un museo al aire libre del crimen y el genocidio organizado que toda guerra supone. En consecuencia, no deberían faltar en este Museo de la Infamia piezas como sillas eléctricas traídas ex profeso de Tejas, bustos de los violadores de cualquiera de las guerras o balas de uranio utilizadas en las sucesivas guerras del petróleo.
Montijo, 8 de diciembre de 2003
La cuartelera costumbre de poner nombres militares a las calles o levantar monumentos a instrumentos de barbarie y destrucción, tan propia de regímenes pasados, supone tratar de legitimar una cultura de la violencia fundamentada en la máxima de Si quieres la paz, prepara la guerra. Queda demostrado que el siglo XX ha sido el más belicoso de la historia y que el XXI va camino de superar dicha proporción. Lo que un lector airado contra la decisión del Ayuntamiento de Castuera ha denominado antimilitarismo provinciano fundamenta una Cultura de Paz y Noviolencia que parte de la idea y práctica más que demostrada de que si se quiere la paz lo que hay que hacer es preparar la paz. Hacer de una máquina de destrucción masiva como lo es el F-5 un juguete no es la mejor forma de educar para la paz a todo un pueblo. Sin menoscabo de que el alcalde decida levantar otro tipo de monumentos, como por ejemplo alguno dedicado a quienes han hollado con su trabajo diario las roderas que circundan el pueblo, le recomendamos que el gasto destinado a traer armamento a Lobón sea invertido en mejorar las infraestructuras sociales de un pueblo al que me unen lazos afectivos y que, ya de por sí, resulta agradable de visitar sin necesidad de ensalzar la cultura de la guerra y el desorbitado gasto militar. Si vis pacem, para pacem.
Chema Álvarez
Montijo
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