El fin justifica las mentiras "Si (el Príncipe) logra con acierto su fin,
Montijo, 18 de julio de 2003
se tendrán por honrosos los medios conducentes al mismo,
pues el vulgo se paga únicamente de exterioridades
y se deja seducir por el éxito"
Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, Cap. XVIII
"Cuanto menos sabiduría se tiene, más feliz se es"
Sófocles, Ayax
Nunca fue más cierto el axioma de que una mentira repetida cientos de veces se acaba convirtiendo en una verdad. La desvergüenza y desparpajo con las que Bush y compinches admiten haber mentido en el asunto de las Armas de Destrucción Masiva no sólo contribuyen a minar más la credibilidad en esa nueva aristocracia del poder que es la clase política y económica, sino que además reflejan el escaso grado de reacción de una sociedad adormecida que cada vez cree más en la política de los hechos consumados y carga con carros y carretas cuando de lo que se trata es de tomar decisiones que también le atañen como, por ejemplo, acabar con la vida de unos cuantos miles de semejantes a fin de mantener su status de vida. Quienes nos manifestamos (y fuimos muchos y muchas) en contra de esta penúltima barbarie que fue la guerra de Irak sabíamos perfectamente cuáles eran los intereses que movían a la sangría, mientras que quienes la apoyaron y la jalearon no dejaban de insistir en los motivos supuestamente humanitarios que, desde Washington, se fundamentaban en la máxima popular de muerto el perro se acabó la rabia, a pesar de que en Irak se sigue pasando un hambre canina y el perro únicamente ha cambiado de collar, o de amo que es lo mismo. En el caso de España, más conocido como el del "mentiroso y el apoyaor", quienes deberían exigir responsabilidades son quienes creyeron aquellas falsas verdades y las apuntalaron mediante las urnas, a no ser que estén dispuestos como se deduce por su silencio- a comulgar con ruedas de molino. Generalmente las mentiras de la historia han necesitado años para ser desenmascaradas oficialmente (muchas de ellas gozan aún de buena salud), pero el nuevo modus operandi introduce un elemento de simultaneidad y sincronía a las mentiras mismas, hasta el punto de que a la hora de justificar las próximas guerras o en cualquier otra decisión peregrina se nos diga a la cara y sin tapujos de ninguna índole que se nos está mintiendo a conciencia, por nuestra propia seguridad, algo así como aquello de ojos que no ven corazón que no siente. Basta sustituir el referéndum (una palabra que figura en la Constitución para que haga bonito) por sondeos de opinión manipulados. Es de sospechar, además, que si se nos miente en éste, también se nos miente en otros asuntos, tales como los impuestos, la sanidad, la educación, las elecciones, el trabajo, y pare usted de contar. Términos como transparencia, participación ciudadana, toma de decisiones colectiva, crítica, exigencia de responsabilidades, etc., tan propias de una democracia van siendo sustituidas paulatinamente por otras como opacidad, oscurantismo, secretismo, elites privilegiadas, impunidad y, simplemente, mendacidad compulsiva. Todo para el pueblo (las grandes empresas y grandes empresarios, se entiende), pero sin el pueblo. Todo responde a una falta de vergüenza y de conciencia de buena parte de los políticos que han desvirtuado lo hermoso de esta palabra y cuyo más vivo y actual ejemplo está en el circo montado en torno a la Comunidad de Madrid. Decididamente Pinocho no es sólo un personaje de cuento, aunque en esta ocasión mucho nos tememos que ha tenido la precaución de ahogar en petróleo a Pepito Grillo. Lo sentimos por Gepetto, que fue quien le dio el poder..
Chema Álvarez
Montijo
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