Muerte en el Mediterráneo La mesa era bien grande, y, sin embargo, los tres se habían agrupado
Montijo, 21 de octubre de 2003
muy juntos en torno a una esquina. ¿No hay sitio! ¡No hay sitio!,
se pusieron a vociferar apenas vieron que Alicia se les acercaba.
-Hay sitio de sobra, replicó Alicia indignada sentándose en
una amplia butacona que estaba arrimada a un lado de la mesa.
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.
Apenas han merecido atención en las portadas de los periódicos europeos y tan solo una escueta noticia, a modo de esquela, da cuenta de ellos y ellas. Más de setenta inmigrantes, en su mayoría somalíes, han perecido en el mar frente a las costas de Italia, en su sueño por alcanzar una Europa ajena a lo que es ya un genocidio con claros tintes racistas y económicos. Absortos en el delirio de una feria global sin fronteras en la que todo se compra y todo se vende, somos incapaces de dedicar un momento de reflexión a la angustia y desesperación de los miles de personas que han hecho del Mediterráneo una inmensa y silenciosa tumba sumergida. Sólo cuando los cadáveres salen a flote expresan su particular llamada de atención sobre una conciencia pública autocomplaciente que asiste a semejante barbarie de hechos consumados con la mayor naturalidad del mundo. La política de inmigración de un Occidente más interesado en las mercancías que en las personas responde, sin reserva alguna, a una remembranza de la solución final nazi aplicada a quienes se niegan a resignarse con un futuro aniquilado por siglos de esclavitud, colonialismo y explotación a secas. Calificativos como inmigrantes, sin papeles, ilegales, extranjeros, refugiados y otros más ofensivos ocultan la realidad de una larga lista de nombres y apellidos cuya historia jamás conoceremos porque se la tragó el mar del olvido y la indiferencia. Sólo la Historia con mayúsculas, si acaso quedan quienes la cuenten con honradez y justicia, acabará pasando cuenta a estos tiempos en los que la gente muere por el simple hecho de llamar a nuestras puertas.
Chema Álvarez
Montijo
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