Montijo, 9 de febrero de 2006
A las cosas por su nombre
Pudo haber en tiempos una razón de peso para tolerar a la derecha española. _Y no distingo entre derecha y ultraderecha, pues lamentable aparcan demasiado cerca la una de la otra_. La proximidad de la bienvenida defunción del dictador Franco y el atrevido proceso de democratización del país originó un exceso de relax en las posiciones de izquierdas como oposición y filosofía de vida contrapuesta a los herederos del régimen. El peligro (que bajo mi opinión no creo fuera tan acentuado) de un nuevo levantamiento y la consecuente confrontación civil, sirvió de discutible excusa para un paupérrimo proceso de liberalización y estabilización. Las gentes de izquierdas olvidaron los cuarenta años de barbarie para garantizar que la guerra no volviera a repetirse. O sea, que la democracia española debe sus carencias a una derecha que aceptó el paso a la libertad bajo sus estrictas condiciones. Y a una izquierda que toleró el chantaje, ensuciando la memoria de los que murieron décadas antes defendiendo los valores de la república.
El caso es que en España no estamos acostumbrados a llamar a las cosas por su nombre, y bajo mi opinión ese es el principal problema que atenaza a nuestra joven sociedad libertaria. La derecha sigue gozando del perdón, como al toro bravo que se le indulta en la plaza. ¡Cuidado, no perturbéis su mundo, no se vayan a enfadar y nos castiguen con otros cuarenta años de dictadura! Y es que la izquierda parece acomplejada o tonta.
Jamás podremos democratizar nuestro Estado mientras no desempolvemos los bolígrafos y las gargantas acalladas.
El proceso de transición de la dictadura a la democracia fue una absoluta bajada de pantalones. No hubo militares juzgados por los miles de crímenes que cometieron, ni guardias civiles ni policías. Tampoco políticos fascistas, que cooperaron en los gobiernos franquistas. Y es que la mayor parte de los jueces que deberían haberlos juzgados no eran más que un montón de nazis, machistas, racistas, sociópatas y clasistas que tampoco pagaron sus culpas con nuestra sociedad. Y no hablemos de la Iglesia, que sirvió de brazo y chivato del régimen, que ahora se permite lujos de manifestación y opinión. (cosa que en su día no consintieron y reprimieron).
El resultado de tanta tolerancia, olvido y perdón de lo imperdonable no se ha hecho esperar:
Entre otras cosas hemos asistido a las declaraciones escritas del señor Tejero criticando el nuevo Estatuto Catalán. Un señor que entró en el parlamento con un arma y amenazó con una nueva guerra a nuestro país. Un señor que debería haber sido juzgado como militar en tiempos de guerra, que fue lo que el estuvo a punto de generar, y por lo tanto condenado a la pena capital por alta traición. Hemos oído y visto a un presidente (el señor Aznar) protegiendo con celo la figura de un dictador sur americano (el señor Pinochet). Un acto vil, rastrero, irrespetuoso con las víctimas y propio de extremistas de ultraderecha. Leímos en los periódicos las amenazas de altos mandos militares ante la, según ellos, disgregación del estado. Militares opinando sobre asuntos sociales. Señores que deben servir al pueblo amenazando al mismo con las armas que todos pagamos. Hemos visto de todo en estos años de pobre democracia: Curas insultando a millones de homosexuales, llamándolos enfermos y pidiendo al mismo tiempo respeto para la iglesia y sus integrantes. Un gobierno haciendo oídos sordos ante un pueblo que clamaba paz y ellos eligieron la guerra. Y justo después un par de ministros mintiendo y manipulando de forma evidente a una sociedad herida por bombas injustas y trasladando sus frustraciones al oponente.
En España no llamamos a las cosas por su nombre. Y creo que es hora que la izquierda despierte y se hago oír.
Los que ahora defienden la Constitución y la democracia con tanto brío, señores de centro como se hacen llamar, son los mismos que en tiempo la criticaron y maldijeron. Los herederos del fascismo. Los que aun no han sido capaces de reconocer la dictadura como una época de oscuridad y muerte física y social. Los que en pleno parlamento se negaron a condenar aquellos cuarenta años de ignominia. Los mismos que criticaron la retirada de figuras fascistas de nuestras calles. Los que se oponen con firmeza a que una plaza que se llame del generalísimo se deje de llamar del generalísimo. Los mismos que critican la devolución de los documentos (archivos de Salamanca) expoliados por el dictador a sus legítimos dueños alegando precisamente expolio. Curiosa paradoja. Y ante tanta necedad yo no puedo callar
Y no callaré.
¿O acaso no saben algunos votantes del PP que esta agrupación política, bajo su gobierno, estuvo subvencionando a la asociación Generalísimo Franco con altas sumas de dinero procedentes de los impuestos de todos los Españoles? Sí, la ultraderecha es más numerosa de lo que aparenta. Y se esconde bajo suaves trajes con corbata y un montón de gomina cara. No te dejes engañar.
Mario López Sánchez
Montijo
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