Montijo, 9 de marzo de 2006
La Rosa y la Cruz
Las dos son manifestaciones culturales del pueblo, las dos están organizadas por un grupo de personas afines, las dos se manifiestan en forma de desfile, las dos provocan el corte de calles; y en ambos casos, y a efectos iconográficos, se trata de un grupo de personas enmascaradas marcando el paso de la música.
Por suerte cada vez son menos los que ven el Carnaval y la Semana Santa como algo totalmente antagónico argumentando cultos a la egemonía del mal y del bien, el exceso y el recato, el color y la oscuridad, etc. ¿Qué tiene que ver el paganismo con un bebé disfrazado de Spiderman en su sillita?
Para los que de verdad viven ambos eventos, el Carnaval es un acto social ideado, ejecutado y vivido desde la buena voluntad de un grupo de personas que se reúnen, que hablan, que acuerdan, que rien, que cosen, que aprenden y que viven, sobre todo, el disfrute de la libertad, de la música y de la buena compañía.
Ese espíritu sano es el mismo que envuelve la Semana Santa con otro nombre; y es a veces el mismo grupo de personas (no son tan distintas) las que se reúnen, las que hablan, las que acuerdan, las que rien, las que cosen, las que aprenden y que viven, sobre todo, el culto a una religión que durante generaciones ha envuelto nuestra memoria y que nos ha hecho tal y cómo somos.
No querer ver esto contribuye a crear esa idiosincrasia de la politización de los sentimientos según la cual un gobierno de derechas tiene la obligación de censurar, prohibir y borrar el carnaval. Tan absurdo como esto es pensar que un gobierno de izquierdas tenga el deber de ridiculizar, obstaculizar y anular las manifestaciones religiosas del pueblo.
Por todo esto, resultaría fachoso, ridículo, grotesco, tonto e infantil que nuestro Gobierno Municipal decidiera que no hubiera euros para las cofradías, habiendo subvencionado el Carnaval de la manera que lo ha hecho. Son nuestros políticos quienes contribuirían así al recelo, la separación y la envidia. Confiemos en su buena fé.
Evidentemente los desfiles procesionales no van a dejar de salir a la calle por la ausencia de subvención municipal, pero el pueblo (el mismo que se quita la máscara y días después se pone el cíngulo) no vería sino una actitud sectaria, intolerante e intemperante por parte del Gobierno Municipal de turno.
El progresismo y la religión no están tan lejos. Recomiendo a nuestra Alcaldesa y a la persona responsable de la Concejalía de Cultura y Festejos la lectura de uno de los últimos números de la revista El Socialista en el que se argumenta la necesaria y estrecha relación entre Socialismo y Cristianismo.
José Manuel Lavado Lozanzo (a título personal)
Montijo
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