Montijo, 29 de noviembre de 2005
Yo no entiendo lo que leo
Distinguido Sr. Director:
Admiro y aprecio la política editorial del medio electrónico que usted dirige en lo tocante a publicar cuantas opiniones deseen verter los lectores, opiniones muy libres de ser dichas y publicadas, aunque algunas no sólo rayen sino que superen con creces las más exacerbadas expresiones xenófobas.
Sin embargo, le agradecería que, en bien de la corrección lingüística y sin violentar el espíritu de algunas cartas que ya de por sí inspiran suficiente violencia contra los demás, aplicase una mínima corrección ortográfica a los escritos que a su dirección son remitidos, a fin de ahorrarnos a los lectores sufridas lecturas farragosas que nublan el entendimiento y maltratan la palabra.
No me refiero, Sr. Director, a pequeños gazapos o a otras jugarretas de la escritura que inadvertidamente pueden escapársele a uno siempre que se atreve con esta difícil tarea de ordenar y expresar por escrito ideas, opiniones y creencias, sino a mayores afrentas al lenguaje que hacen de lo que se dice y de lo que se escribe expresión más propia de un chat de adolescentes que de un medio al que se le exige la calidad y el rigor que a sus lectores debe, verbi gratia artículos publicados en este misma sección de Ventana Digital que llevan por título Entiendes lo que lees, Paqui o el más reciente Erre que erre.
Del primero permítame que le diga, Sr. Director, que, a diferencia de la tal Paqui y a quien desde aquí presento mis respetos, yo sí que no entiendo lo que leo, y del segundo que es digno de ser incluido en la antología del disparate ortográfico, gramatical y sintáctico, trilogía que se vería gratamente beneficiada con un análisis somero no sólo de lo que en semejante artículo se dice, sino de como se dice. Vaya por delante -en espera de su inclusión- una breve muestra:
No hace falta rebuscar mucho para encontrar en apenas 15 líneas más de 30 errores de diverso calado expresivo, tales como eso esta hay no me lo invento, Aun haya en Francia hijos de aquellos inmigrantes que mal hablan el Frances, No estado nunca en Paris (léase todo sin los correspondientes acentos), etc., etc., por no hablar de nuevas palabras inventadas como subencionados (sic). El despropósito sigue con falta de acentos, comas que no separan y puntos que no apartan, singulares que deberían ser plurales y para qué seguir más.
En consecuencia y retomando el hilo de mi petición, agradecería que, al menos, sea su mano Sr. Director la que pase el corrector ortográfico del procesador de textos, o que algunos de sus excelentes colaboradores traduzca estos escritos (si puede digerir semejante palabrería cutre). Mientras tanto, es de esperar que el autor de tales despropósitos lingüísticos e ideológicos siga aporreando nuestra amada lengua con sus pinitos literarios epistolares, ahora con mayor insistencia si cabe acicateado por mi humilde propuesta en cuanto a que no sólo importa lo que se dice, sino cómo se dice, porque dos y dos jamás serán quatro, Sr. Director, sino cuatro.
Atentamente, agradeciéndole que tenga a bien publicar estas letras y conminándole a que si ha de corregirme lo haga sin recato alguno, le saluda:
Chema Álvarez
Montijo
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