nº 3 (6 de octubre de 2000) - AMOR ¿SIN LÍMITES?

nº 3: Amor ¿sin límites?
sumario:


INVITADO:

Juan José Fernández
Los límites del amor


CARTA RECIBIDA:

Ricardo Abad
Breve antología amorosa


INTRODUCCIÓN:

Antonio Sánchez
¿podemos poner frenos al corazón?


BANDA SONORA:

Red Scarf
de Andreas Vollenweider


DIRECCIÓN:

Antonio Sánchez
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DISEÑO:

Blas M. Parejo
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PRODUCCIÓN:

ventanadigital.com
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Los límites del amor
por Juan José Fernández


    CERRAR podrá mis ojos la postrera
    sombra que me llevare el blanco día,
    y podrá desatar esta alma mía
    hora a su afán ansioso lisonjera;

    MAS no de esotra parte, en la ribera,
    dejará la memoria en donde ardía:
    nadar sabe mi llama la agua fría,
    y peder el respeto a ley severa.

    ALMA a quien todo un dios prisión ha sido,
    venas que humor a tanto fuego han dado,
    médulas que han gloriosamente ardido,

    Su cuerpo dejará, no su cuidado;
    serán ceniza, mas tendrán sentido;
    polvo serán, mas polvo enamorado.

    Fco. de Quevedo

Este soneto de Quevedo, quizás el más famoso de la literatura castellana, tambien probablemente sea de los más intensos poemas de amor jamás escritos: perfecto en su arquitectura, sobrio en el empleo de imágenes suntuosas, colosal en el desafio que su mensaje plantea. Quevedo consigue este cuerpo poético redondo después de varios intentos siempre en torno a la misma idea: AMOR CONSTANTE MAS ALLÁ DE LA MUERTE.

Leído siglos después, tan sólo la oscuridad sintáctica, hija de aquel tiempo literario, puede impedir captar con rapidez la fuerza telúrica de la pasión amorosa aquí planteada:afirma el poeta-amante que no le importa la muerte, incluso le "lisonjea" para que venga pronto. Alude luego al río Leteo, "la agua fría". En mitología, es el río del olvido, ya que una vez alcanzada la otra orilla, los muertos borran todo recuerdo de vida pasada. Y aquí llega el desafío de cíclope que Quevedo nos plantea:"Nadar sabe mi llama la agua fría/y perder el respeto a ley severa. En fin, sus venas llenas de sangre, la medula de sus huesos, su cuerpo entero,todo será polvo y ceniza, la nada; y sin embargo, la llama de u pasión no se apagará nunca, vencerá el furor amnésico de ese río Leteo que por fuerza ha de cruzar.

Llegados a este punto de interpretación, que Quevedo nos perdone la osadía de nuestras valoraciones. ¿Qué amantes pueden hacer suyo este poema que canta al amor como fuego eterno, al amor sin límite físico?

La obra literaria pertenece a sus lectores, cualesquiera que sean, no hay en esto posibilidad de sectarismo. Nosotros, en estos versos, en ningún momento apreciamos que se hable de sexos, de edades, de razas, de jerarquías sociales, de imposiciones burocráticas. Quevedo no concreta en su poema ortodoxia del amor. A nuestro entender, aunque escriba en 1ª persona, no habla de un amor sino de lo que pudo llegar a ser, a suponer, el Amor en el alma de las personas. Esa primera persona narrativa es sólo un recurso literario, esa primera persona somos todos y todas los que amamos y somos amados: él y ella, ella y él, él y él, ella y ella... Todos y todas tenemos derecho a amar sin trabas ni prejuicios. Todos y todas podemos ser dueños de ese amor eterno y absoluto que el poeta canta. Todos y todas, sí, con la mezcla, con el aire que nos dé la gana.

Juan José Fernández

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