nº 7 (18 de noviembre de 2000) - IGLESIA Y ESTADO

nº 7: Iglesia y Estado...

sumario:


INVITADO:

Héctor López
¿Cada vez más cerca?


INTRODUCCIÓN:

Antonio Sánchez

Si yo fuera creyente


BANDA SONORA:

Red Scarf
de Andreas Vollenweider


DIRECCIÓN:

Antonio Sánchez
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DISEÑO:

Blas M. Parejo
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PRODUCCIÓN:

ventanadigital.com
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Si yo fuera creyente
por Antonio Sánchez



Si yo fuera creyente me gustaría llevar mi fe en soledad. Incluso desde el agnosticismo que ejerzo alcanzo a comprender la intensidad con la que un cristiano real debe vivir su experiencia religiosa. Si yo fuese creyente probablemente me entregaría de forma apasionada a la práctica de mi religión e intentaría hacer de mi vida un ejemplo que no pudiese levantar dudas sobre mi congruencia. Si además perteneciese por convencimiento a la iglesia católica me molestaría sobremanera que se intentase atraer a quienes no se han aproximado a los dictados de Roma, sean cuales fueren los motivos de su decisión. Seguramente estaría más preocupado del ejercicio privado que del apostolado. Pero no soy creyente. Aún así me avergüenza observar cómo en estos tiempos el estado español pacta con un grupo religioso (uno de tantos a pesar de su tradicional presencia en nuestro país) y discrimina así al resto de los ciudadanos que consideramos que, con una constitución y dentro de un ámbito europeo supuestamente progresista y laico, el estado debe mantenerse al margen de acuerdos que otorgen ventajas a unos grupos ideológicos sobre otros.

Además de mi condición de no creyente he de referirme a mi profesión para explicar el porqué de mi especial indignación. Soy maestro y sufro ante la desvergüenza de quien maneja dinero público y destina parte de éste a pagar los honorarios de quien acude a la escuela pública a hacer apología de unos principios morales que no son los únicos posibles y que en gran cantidad de ocasiones son contrarios a los de muchas otras personas (entre los cuales me encuentro). Además de ser claramente irrespetuosos e intolerantes con importantes asuntos de indole social como el divorcio, el aborto, las prácticas sexuales, etc. y hacer gala de ello entre alumnos inmaduros y manipulables, lo cual hace dudar de su idoneidad para ejercer la misión educativa que se les ha encomendado, la mayoría de las veces estos profesores de religión han accedido a su puesto de trabajo sin someterse a los mismos requisitos de acceso que se exigen al profesorado de otras áreas, lo cual supone una injusticia doblemente escandalosa. Por otra parte, el dinero que el estado destina a la formación religiosa (amparándose en acuerdos con la Conferencia Episcopal anteriores a nuestra constitución) debería desde mi punto de vista destinarse a mejorar la calidad de la enseñanza de todos los ciudadanos, incluidos creyentes y no creyentes.

¿Conoceremos algún día un verdadero estado laico en este país? Al paso que vamos y siendo optimistas tardaremos aún varias generaciones. Seguimos viviendo en el pasado. La linea divisoria entre lo público y lo privado no está clara. La iglesia y el estado siguen manteniendo una muy estrecha relación y ésta es de dominio y subyugación. ¿Hasta cuándo?


Antonio Sánchez

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(publicado el 23 de septiembre de 2000)

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(publicado el 30 de septiembre de 2000)

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(publicado el 30 de septiembre de 2000)

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